Y tú ¿cómo te llamas?

Entrevista de periodista imaginaria a Traslúcido:

– Hola Traslúcido ¿por qué te llamas cómo te llamas?
– Porque estoy un poco flaquito y porque así somos los payasos: traslúcidos, transparentes, dejando ver todo lo que sentimos y pensamos.

 Entrevista de periodista imaginario a Concéntrica:

– Hola Concéntrica ¿por qué te llamas cómo te llamas?
– Porque, sin duda, tengo muchos centros en expansión y me encantan los círculos  :o)

Todos los complementos son importantes para el proceso de encuentro y desarrollo de nuestro clown; algunos, desde nuestro punto de vista, son imprescindibles, como el nombre.

Entendemos que el clown es nuestro otro yo, conectado íntimamente con cada persona, pero diferente. Tiene una mirada y una energía distintas, vive con más intensidad las emociones y se lo permite todo. Juega, juega y juega. Es otra yo que parte de mí, pero se torna singular y diferenciada. Poniendo nombre a mi clown le doy identidad, valor y relevancia más allá de mí; eso permite un proceso de conformación más sólido y revelador en la maravillosa práctica de la esquizofrenia sana.

Nuestra propuesta es que el nombre surja más o menos pronto en el proceso de aprendizaje, pensándolo o espontáneamente y que después lo vayamos probando en algunas impros que vayamos haciendo. Y con tranquilidad, porque ocurre con frecuencia que un primer nombre no acaba siendo el definitivo. Los clowns son más rebeldes que las personas y no tienen reparos en cambiarse el nombre cuantas veces sea necesario hasta encontrar el que realmente les gusta.

Veamos algunas fuentes de inspiración:

  • las características físicas de las personas, por asociación o por contraste, como Máxima o Pizquita en una mujer grande, Minúsculo en un hombre pequeño o Comino en uno de envergadura.
  • las palabras que reflejan la opinión o la imagen que los demás tienen de cada cual, como Chuletín, Voltaica, Sunami, Pitagorín, Categórica o Definitivo.
  • el cambio el género de un sustantivo, que produce nombres verdaderamente graciosos como Chancleto, Protona o Parsimonio.
  • la opción de los diminutivos y aumentativos, como Bartolón o Cucharita.
  • las derivaciones: extranjeras, como Teresova o Alberteibol; de la naturaleza, como Amapola o Matojo; la gastronomía, como Croqueta o Gazpacho; las ciencias, como Númeropi o Firewire; la gramática, como Vocablo o Pluscuamperfecta…
  • los nombres con significado especial, que conectan con la idea positiva del clown; por ejemplo, una payasa que se llame Levadura, “porque ante las dificultades me vengo arriba” o llamarse Oxitocina, que es una hormona que ayuda a regular las emociones y, en especial, la del amor.

En fin, que las posibilidades son innumerables, por lo que la sugerencia es que dediquemos el tiempo necesario para encontrar el que más guste a cada persona, mientras se pasan unos buenos ratos de risas y bromas. Después, en la práctica, cada cual irá viendo con qué nombre se siente más a gusto.

Y tú ¿por qué te llamas Cantinflas? -preguntamos

“Yo elegí el nombre de Cantinflas, es decir, se me ocurrió, buscando un nombre de guerra para hacer lo que hago. Fonéticamente me sonó y me gustó, y con ese me quedé” – dijo Mario Moreno.

Pero podía haberse quedado con: Violín, Macramé, Cósmica, Alternativa, Raspa, Iconhache, Bachoca, Chuletón, Calvin Clown, Ilusina, Zigoto, Colombina, Pirueta, Piojo, Variopinta, Tipática, Chupito, Dolçaina, Fideo, Rumbas, Cinética, Pespectiva, Coliflor, Pelusa, Pizca, Chocolate, Zicuta, Chincheta, Comino, Coloreta, Mandarina, Lechuga, Bartola, Ladyminuta, Cazuelo, Amarilla, Olvidia, Cardelina, Vocablo, Oxitocina, Tapón, Piñata, Marmota, Artefacto, Trifásico, Volvoreta, Catapulta, Aplique, Chispa, Floresta, Matojo, Torticulini, Destroyer, Dibujo, Filomena, Soñador, Descartina, Káspita, Chancleto, Tikitaka, Trifásico, Molécula, Drenalina, Terranova, Laflaca, Florisa, Bombilla, Alcalina, Sinfín, Guindilla, Cardíaco, Somnífera, Bicha, MacNovara, Ravioli, Totalota, Número, Lentejas, Boba, Filigrana, Sanfaina, Osimbo, Trasto, Gamuza, Salchichoni, Chicharra, Traca, Bacteria, Pauso, Alcaparra, Baldomoro, Cachirula, Crispín, Tarumba, Rúcula, Lucerita, Calamidad, Centrífuga, Vacilón, Bobina…

Amaia Prieto y Jesús Jara