Dame la nariz que me transformo…

“Dame la nariz que me transformo”, nos dijo Alexandru en un taller de clown en el módulo de jóvenes de la prisión de Valencia.

En eso radica el “VALOR TERAPÉUTICO DEL CLOWN”. En ponernos la nariz, invocar el estado payaso y transformarnos. Porque la nariz modifica nuestra percepción, nuestra conciencia, nuestro entendimiento… nos da una visión diferente de quienes somos y quienes podemos llegar a ser…

Nos hace más sensibles y vulnerables, nos hace más capaces de afrontar retos y vivir intensamente lo que nos ocurre en el momento presente. Con la nariz nos re-conocemos con más dinamismo, con más entusiasmo, con más amplitud e intensidad. La nariz acentúa nuestra creatividad porque nos da libertad, confianza y atrevimiento para abordar cualquier situación, por muy desastrosa que parezca ser. Al calzarnos la nariz se ensanchan nuestros sentidos, renovamos nuestra mirada, captamos la realidad de manera diferente… y aumentan exponencialmente las posibilidades de juego. La nariz de clown desata la verdad, la pasión y la autenticidad que hay en cada persona. Nos permite navegar por las emociones con naturalidad y fluidez, tomando conciencia de ellas desde la ternura y la risa.

Y es que el valor terapéutico del clown reside en aprovechar las ventajas de mi yo payaso para engrandecer mi propia personalidad. Ser lo mejor de mí a través de mi clown y llevarlo a mi día a día, en una especie de ejercicio de sana esquizofrenia payasa.

Nuestra personalidad está en permanente construcción y la idiosincrasia payasa puede aportar mucho para conocernos, para aceptarnos y para cimentar cambios que nos hagan ser más felices. El estado payaso nos permite explorar el mundo externo y el interno desde otra óptica, profundizando en nuestro propio conocimiento y en el del mundo que nos rodea. Así que, la personalidad payasa es un gran punto de apoyo para adaptarnos, evolucionar, crecer y transformarnos.

El valor terapéutico del clown está en su inteligencia exitosa que tiene estos condimentos:

  • El presente como vivencia natural.
  • Autoestima y confianza.
  • Automotivación, iniciativa y atrevimiento.
  • Aceptación de las dificultades y del error a través del juego.
  • El saber querer (se) y el dejarse querer.

Y nos permite:

  • Vivir y expresar emociones con libertad.
  • Cultivar el humor, la risa y la sonrisa para lo cotidiano.
  • Enriquecer el autoconocimiento y mejorar la autoaceptación.
  • Desarrollar recursos creativos para superar conflictos y frustraciones.
  • Experimentar la visión creativa y práctica del estado payaso y su incidencia en el comportamiento, el pensamiento y la forma de sentir.

¡¡VIVA EL CLOWN Y SU PODER TERAPÉUTICO!!

Jesús Jara y Amaia Prieto