Entusiasmo

Hace unos días nos encontramos de nuevo con la palabra ENTUSIASMO.

– Hola, Entusiasmo, ¿cómo estás?
– Muy bien, como siempre, ¿y vos?
– Muy bien también, aunque no tanto como tú. ¿Nos podrías explicar el origen etimológico de tu nombre?
– ¡Cómo no! Procede de EN-THEOS, del griego y significa tener un Dios dentro de sí. Como si hubiera habido una “posesión divina”.
Y entonces se nos ocurrieron estas reflexiones:

Según Rodolfo “Titi” Marinelli, “la persona entusiasta o entusiasmada era aquella que, al ser tomada y guiada por la fuerza y sabiduría de alguno de los dioses en la antigua Grecia, podía transformar la naturaleza que le rodeaba y hacer que las cosas ocurrieran”.

Nos ha encantado esta idea puesto que conecta plenamente con lo que pensamos que aporta el entusiasmo al universo clown y viceversa, el clown al entusiasmo.

Cuando un payaso, una payasa, se entusiasman como saben hacerlo, son capaces de convertir lo ordinario en algo extraordinario. Porque, desde esa energía, sienten que pueden trasformar las cosas, el mundo… confían en su fuerza, en la certeza de sus acciones, en sí mismo, en sí misma. Ese estado y esa actitud llevan al entusiasmo, que como sabemos es el familiar más cercano en nuestro idioma al famoso engagement anglosajón. Sí, ya sabemos que engagement es compromiso, pero sin entusiasmo no puede haber compromiso .

Pero no nos vayamos por las ramas y volvamos al tronco. Precisamente desde el entusiasmo el clown se compromete, sobre todo, consigo mismo y es capaz de enfrentarse a cualquier dificultad con garantías de éxito encontrando una solución clown.

La valentía, transformada en furor y fogosidad, se apodera del clown ante cualquier reto, desafío o problema; no espera a tener todas las condiciones ideales para abordar la situación… Cualquier payaso, cualquier payasa lo primero que hace es entusiasmarse porque, así, lo difícil se torna apasionante, porque en la calamidad encuentra una oportunidad y porque sabe que las dificultades, al igual que las emociones, le alimentan.

Ingredientes fundamentales para el entusiasmo son la confianza y la convicción. Cualquier clown confía ciegamente en sus posibilidades y eso contribuye a la buena opinión que tiene de sí mismo y a su buena autoestima. Y así aborda cualquier tarea: pensando que quiere hacerlo, puede hacerlo y va a hacerlo. Luego ya veremos qué ocurre, cuáles son los resultados y las consecuencias de sus actos u omisiones.

Pero no tiene miedo a lo que ocurra porque sabe que la fuerza y grandeza de los dioses, el ENTUSIASMO, acudirá al rescate en cualquier momento… y sin pedir nada a cambio.

 – Yo soy así, generoso y dispuesto.

– Gracias, Entusiasmo.

– De nada, hijas e hijos de Augusto.

 Jesús Jara y Amaia Prieto