CLOWN, CORONAVIRUS Y SUS CIRCUNSTANCIAS

Es extraño lo que nos ha ocurrido. Durante unas semanas, nuestra cotidianeidad ha quedado en suspenso. Un pequeño virus, invisible, nos ha evidenciado qué es lo esencial. Y cada cual ha llevado, lleva y llevará lo acontecido como puede, como sabe o como quiere. Si bien, esto que nos ha pasado, que nos pasa, ha quedado y quedará, con más o menos consciencia, en nuestra experiencia, en nuestro cuerpo y, ¿por qué no decirlo?, en nuestra alma.

Desde siempre tenemos el afán de conectar lo que nos acontece en la vida con la filosofía payasa, así que compartimos este escrito para tomar perspectiva, activar el ánimo y ampliar nuestro razonamiento.

Una de las primeras cosas que hemos sentido en este tiempo de coronavirus es VULNERABILIDAD. Esta situación nos hace vulnerables, hasta tal punto que algo tan básico, tan fundamental y tan vital como RESPIRAR puede resultar peligroso.

Según el diccionario etimológico, VULNERABLE viene de vulnerabilis, palabra formada por vulnus (herida) y el sufijo -abilis, que indica posibilidad. Con lo cual, VULNERABLE se refiere a la posibilidad de ser herido o herida, perjudicado o perjudicada. Y así nos hemos sentido, susceptibles al daño.

Muchas veces vulnerabilidad y debilidad se consideran sinónimos. Pero la vulnerabilidad es algo muy diferente a la debilidad, realmente es una fortaleza. Como dice Brené Brown: “Cuando somos vulnerables estamos totalmente expuestos, entramos en esa cámara de tortura llamada incertidumbre y asumimos un enorme riesgo emocional… pero no hay razón para creer que asumir riesgos, afrontar la incertidumbre y exponernos a las emociones equivalga a debilidad.”

El mundo del clown nos enseña que sentir y mostrarse vulnerable es el primer paso para reconocer nuestros riesgos y el desequilibrio que suponen y, a partir de ahí, incrementar positivamente nuestra posibilidad de enfrentarlos. Nos enseña que la vulnerabilidad nos conecta directamente con la vida, nos despierta del letargo y nos vincula con el resto de seres que habitan este planeta.

La VULNERABILIDAD que nos aporta esta situación trae consigo cosas muy interesantes:

  • Nos evidencia lo necesario que es dar espacio y legitimar nuestras EMOCIONES, todas. En esta situación ha sido absolutamente natural sentir miedo, rabia, tristeza y, por supuesto, también sentir alegría, gratitud, amor… Transitar por las emociones hace que no se nos enquisten, que no se nos atraganten, que podamos darnos permiso, reconectarnos. Conmovernos, ser permeables a lo que nos ocurre, es una fortaleza humana que, desde el estado payaso, cultivamos con ternura y humor.

  • Nos enseña que, a pesar de lo que nuestra rutina, nuestra arrogancia y nuestra distorsión cognitiva nos hacen creer, en realidad NO TENEMOS EL CONTROL. Pensamos que sí, pero en realidad no controlamos nada. La vida parece más incierta de lo que a nuestra mente racional le gustaría. El control que tenemos de nuestro futuro es mínimo. Por eso parece que lo que nos queda es el PRESENTE. Y no hay ser que habite mejor el presente que un payaso, que una payasa.

  • Nos hace conjugar un verbo del que la filosofía payasa sabe mucho: ACEPTAR. Y puede resultar complicado porque se han perdido muchas cosas: tiempo, derechos, trabajos, proyectos, vidas… pero es la única opción posible para seguir caminando. Aceptar supone admitir, y también afrontar, la situación, siendo capaces de distinguir lo que no podemos cambiar para centrarnos en lo que sí podemos actuar. Desde el estado clown la aceptación supone dar el “Sí mágico” a la situación y añadir el “y además…”. Y eso nos amplía la mirada, nos nutre de nuevos comportamientos y nos inspira nuevos escenarios.

Así pues, esa situación provocada por el coronavirus pone en evidencia determinados aspectos que aparecen cada vez que conectamos con la nariz: VULNERABILIDAD, EMOCIONES, INCERTIDUMBRE, APERTURA, DISPONIBILIDAD, CONSCIENCIA, ACEPTACIÓN, PRESENTE… desde la inocencia, la ternura, la desdramatización y el humor.

Son tiempos en los que es necesario cuidar la salud: la física, la emocional y la social. Luego son tiempos para ponerse la nariz también como un acto de solidaridad y de humanidad. Porque sacar a pasear nuestra candidez, re-mirar y re-pensar desde la simplicidad, aportar una lógica distinta, activar la creatividad, valorar lo pequeño, cultivar la compasión, fracasar cada vez mejor, vivir con entusiasmo a pesar de los riesgos de la vida, reírnos a pesar de todo… son formas de AUTOCUIDADO y ahora es lo que toca: CUIDARSE PARA CUIDAR.

Y es por eso por lo que sentimos tanta pasión por el clown, porque nos conecta con lo esencial, nos aporta herramientas útiles para la vida y nos vincula con una palabra que también hemos repetido una y otra vez en este periodo de pérdida y desasosiego: GRACIAS. Porque hacer a-precio de lo que tenemos es también una clave importante para transitar esta situación crítica. Y apreciamos mucho lo que la filosofía payasa nos aporta en esta y en tantas circunstancias.