OPTIMISMO: UNA ACTITUD VITAL AL ALCANCE DE TU MANO

Nos encanta esta frase: “Ninguna persona pesimista ha descubierto el secreto de las estrellas, ni navegado por mares desconocidos, ni ha abierto una puerta nueva al espíritu humano”. Y nos encanta especialmente que la dijera en su momento Helen Keller, escritora, oradora y activista política sordociega. Y es que así lo creemos, la evolución personal y social requiere de una actitud optimista, de una actitud vital que nos permita ilusionarnos y valorar los pequeños logros. Una actitud que nos posibilite impulsar cambios para que las cosas vayan a mejor y, que de alguna manera, permita que cada ser humano sienta, con sus acciones y sus decisiones, que puede ser protagonista de su propia vida. Porque hay que vivir en el presente, sí, y disfrutar del aquí y el ahora, sí, pero con la perspectiva de que el futuro también es nuestro…

Ningún-pesimista.No es cuestión de pensar siempre en positivo, ni de verlo todo de color de rosa. Pensamos que la clave está en discernir entre lo que está en mi mano y lo que no. Es interesante saber que hay muchas cosas que no dependen únicamente de mí (la crisis mundial, los accidentes geográficos, las condiciones meteorológicas, mi familia de origen…) y otras tantas que sí. De mí depende cómo abordo el día cada mañana cuando me despierto, de mí depende cómo me dirijo a la persona de la ventanilla, de mí depende en qué momento hablo de algo que no me ha gustado con mi pareja, de mí depende tomar decisiones, aparentemente sin importancia, que hagan que mi día tenga momentos más positivos que si no las tomara. Cultivar el sentido del humor, cultivar la mirada optimista es algo que tiene que ver con mi actitud, con mi enfoque, y eso sí depende de mí.

Sabemos que tener una actitud optimista y positiva no nos libra de que nos vaya a pasar nada malo… eso sería perder contacto con la realidad. A todas las personas nos ocurren desgracias, pero no a todas las personas les hunden o deprimen los hechos fatídicos. Desde nuestro punto de vista, siguiendo los planteamientos de Barbara Fredickson, cuando la tendencia es cultivar momentos divertidos, expresar emociones luminosas, activar un pensamiento optimista, promover una mirada integradora… se ensancha la mirada y se crea un “colchón” que nos permite sobrellevar de mejor manera los acontecimientos negativos que nos suceden.

Vivimos en una sociedad en la que, mayoritariamente, se premia lo “serio”. Si tu equipo hace un partido serio es que ha jugado concentrado y organizado; si el partido es de risa ya sabemos que nos quieren decir que han jugado mal. Si es una persona que trabaja seriamente es de confianza y, si no, te la está jugando. Y son solo un par de ejemplos: lo serio es lo formal, es decir, lo normal, por tanto, lo deseable.

Por eso, insistimos en la idea de que podemos empoderarnos como personas a través del clown, que siempre es una opción optimista vinculada estrechamente con el humor positivo. La mirada clown nos permite relativizar y desdramatizar, nos permite reírnos de las exigencias sociales y personales, de las censuras y autoimposiciones, desarrollando nuestro yo más auténtico y único. A través del estar y sentir clown se abren formas alternativas de percibir y jugar con la realidad. Una realidad diversa desde la que potenciar nuestras particularidades y apostar por las singularidades, para retomar nuestra capacidad de transformar las cosas y contribuir a que este mundo sea un poco mejor.

Y, esto, finalmente nos lleva a otra frase que también nos gusta mucho: “Si quieres cambiar tu destino, cambia tu actitud” (Amy Tan)

Jesús Jara y Amaia Prieto