La improvisación es una religión y MacGyver su profeta

Comenzaré estas reflexiones en plan exagerado, diciendo que la improvisación es una religión y MacGyver su profeta.

Y ahora, la pregunta: ¿Qué es improvisar? Lo que hacemos cada día de nuestra vida. Cuando nos despertamos tenemos planificado lo que haremos, pero luego comprobamos que nada será exactamente como habíamos pensado.

Nos levantamos y han cortado el agua, así que nos lavamos con toallitas. Queremos tomar un café, pero no nos queda, por lo que recurrimos al  té. Subimos al coche, vamos a echar marcha atrás, pero pasa otro vehículo y frenamos. Tenemos una entrevista de trabajo, pero nos la anulan y aprovechamos para hacer la compra. Y así todo el día…

En realidad, estamos programados para improvisar desde que nos desarrollamos como especie y nuestro objetivo fue la supervivencia. El miedo a morir nos obligó a improvisar y así la improvisación se convirtió en valiosa herramienta, medicina contra el miedo y pócima de la autoestima. Sí, al improvisar nos sentimos poderosos porque tomamos conciencia de que somos capaces de accionar y reaccionar constantemente para buscar soluciones, para encontrar nuevas respuestas cuando nos cambian las preguntas, para seguir creciendo y avanzando cuando aparecen obstáculos inesperados.

Por todo eso y mucho más en mis cursos de clown la improvisación es la llave maestra que abre todo el proceso de aprendizaje. Pretendo que cada persona cree su propio clown y eso solo se puede hacer desde la espontaneidad, el pensamiento instantáneo y la acción sin censuras. Solo así se puede evitar el riesgo de reproducir estereotipos de todo tipo respecto a lo que es un clown y sobre cómo debe comportarse. La pauta que doy siempre, antes de una improvisación, es entrar con ganas, estar clown y escuchar, el verbo que representa la madre del cordero de este bello arte.

Cuando escuchamos, sumamos y cuando no lo hacemos, restamos. Restamos capacidades, recursos, ideas, acciones, palabras… de quienes nos acompañan en la improvisación. Restamos imaginación, esa cosa loca y juguetona que nos salva del raciocinio puro y duro.

Para finalizar, os dejo una frase que sostiene mi fe inquebrantable en la improvisación, que escribió Stephen Nachmanovitch, en su maravilloso libro Free Play, la improvisación en la vida y en el arte, “Al improvisar no actuamos a partir de un vacío sin forma, sino a partir de tres billones de años de evolución orgánica”.

Por Jesús Jara para “Impro: 90 juegos y ejercicios de improvisación teatral” de Alfredo Mantovani, Borja Cortés, Encarni Corrales, Jose Ramón Muñoz, Pablo Pundik. Ed. Octaedro, 2016.