HUMOR EN FEMENINO Y PLURAL

Cuando hablamos de humor nos referimos a esa forma de presentar, comentar o vivenciar la realidad, resaltando el lado cómico, risible o ridículo de las cosas. Cuando hablamos de humor en femenino y plural, nos referimos al humor compartido y propiciador que nos libera, nos humaniza, nos visibiliza y nos une como mujeres que ríen y se divierten, que juegan y se expresan.

Durante mucho tiempo, en occidente se ha dicho que las mujeres no tienen sentido del humor, se ha extendido la creencia de que las mujeres no saben contar chistes, o no son graciosas; por eso –se dice-, hay menos mujeres humoristas que hombres. Aunque, claro, también ha habido siempre menos filósofas que filósofos, pero eso no quiere decir que las mujeres no le demos vueltas a las cosas; o menos lingüistas mujeres que hombres, pero eso no quiere decir que las mujeres no hablemos; o también hay menos jefas que jefes, pero eso no quiere decir que a las mujeres no nos guste mandar.

Y, a pesar de que las mujeres, muy en contra de lo que en ocasiones se quiere hacer creer, nos reímos y eso nos conecta con la vida, ha ido calando la idea de que no tenemos sentido del humor. Sin embargo, recientes estudios dicen que esa creencia es falsa. Concretamente, una investigación realizada por el psicólogo Robert Povine sobre la frecuencia de la risa puso de manifiesto que no hay ser humano que se ría más que una mujer charlando con otra mujer.

Lo que ha ocurrido es que el prejuicio de que la mujer no tiene sentido del humor ha contribuido a que no se preste ninguna atención a las peculiaridades del humor femenino. Algo que ha ocurrido también con otras peculiaridades y menesteres relativos a las mujeres, como con la menstruación… pero eso no quiere decir que la regla no exista o que sea de color azul.

Parece ser que hay consenso sobre la idea de que las mujeres, desde un aspecto neurológico y social, están preparadas para reírse de cosas diferentes que los hombres, quienes han dominado la esfera cómica a lo largo de la historia. Hay argumentaciones científicas que dicen que las mujeres son diferentes a los hombres, que no inferiores, y sus cerebros también, con lo cual captan la realidad de forma distinta y, por eso, accionan y reaccionan ante las cosas de forma desigual. Ante un chiste, pero también ante un accidente o ante una enfermedad. Aunque, quizás, no sea eso lo más relevante, aquí y ahora, sino el peso educacional y social que influye considerablemente en estas diferencias.

La educación femenina sostenía que no era educado contar chistes delante de los hombres y, mucho menos, hacer humor a costa de ellos; y eso ha coartado el humor hecho por mujeres. Durante siglos, el varón ha tenido para su uso y disfrute el espacio público, mientras que la mujer ha estado ocupando el espacio privado. Y aunque no hay nada concluyente, podríamos decir que los hombres se ríen de y hacia el exterior, mientras que las mujeres se ríen de y hacia el interior. Porque el humor es referencial, por eso hay diferencias de géneros, pero también de clase social o de culturas. Las personas nos reímos de aquello que nos toca, con quién nos toca más cerca… y a las mujeres la esfera pública, durante mucho tiempo, no nos ha tocado; de igual manera que los hombres han tocado poco la esfera privada.

Así pues, podríamos decir que el humor masculino (ese del que no se reían las mujeres) tendía a ser más político, expansivo y buscaba, por un lado unir y, por otro, separar; unir a quien se ríe contigo y separar a aquellos colectivos de los que se reían (gitanos, gays, mujeres…). Afortunadamente, esto va cambiando, ya lo decía el psicólogo Robert Povine. Cada vez más, gran número de hombres empiezan a reírse de lo que siempre se han reído las mujeres: “de sus propias fragilidades y vulnerabilidades, de las autoimposiciones y las rutinas cotidianas, de las situaciones familiares, del cuidado…”. El acercamiento al clown también contribuye en este sentido, porque el humor del clown permite “reírse de uno mismo, de una misma”, desde la ternura, la aceptación, la emoción… sin necesidad de tener a alguien como objeto de burla.

MUJER2017

Conforme vaya el varón ocupando la esfera privada y la mujer la pública, podrán ir riéndose de lo mismo y cada vez más. De forma que la próxima vez que alguien diga ¿de qué se ríen las mujeres?, podremos decir que cada vez de más cosas, como los hombres. Porque el humor, como dijo Cervantes, es un arma poderosa… también contra las desigualdades (añado yo).

¡Sí! Con el humor se pueden establecer puentes para repartir equilibradamente lo público y lo privado, igualitariamente, cada cual poniendo desde su lado y construyendo cooperativamente algo nuevo que será mejor de lo que había. Como ocurre con las recetas de cocina.

Necesitamos el humor para relacionarnos y sentirnos bien, para crear espacios de mejor convivencia y más habitables. Necesitamos un humor que nos haga singulares, pero también plurales. Y pensamos que ese es el humor que se facilita desde el clown. Porque el poder lúdico y auténtico del payaso, de la payasa, puede contribuir a crear espacios y sinergias comunes, desde un humor auténtico, libre, juguetón, tierno, inspirador y propiciador que nos conecta con la fortuna que tienen las personas que se ríen de sí mismas, porque de ese modo nunca les faltarán motivos para reír.

RIAMOS JUNTAS, RIAMOS JUNTOS Y RIAMOS TODOS Y TODAS.

 

Amaia Prieto Marín

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